Echando un vistazo al impresionante hongo micorrízico

Al conducir por el campo mallorquín —o por cualquier otro rincón del mundo—, verá a agricultores trabajando sus tierras con maquinaria pesada, arando con tractores y labrando el suelo como si no hubiera un mañana. La mayoría lo hace, probablemente, dos veces al año. Sin embargo, lo que mucha gente ignora es que, al hacerlo, se altera profundamente la composición del suelo. Se fractura la estructura orgánica de sus capas y la microbiota del subsuelo —generalmente invisible a simple vista— se daña, se ve afectada y, en ocasiones, queda devastada sin posibilidad de reparación.

​El aliado invisible: la micorriza

​Un organismo vital que habita justo bajo la superficie es un hongo llamado micorriza (del griego múkēs, hongo, y rhíza, raíz). Este hongo forma una asociación simbiótica y mutualista con las raíces de las plantas hospedantes; en nuestro caso, las viñas de Son Alegre. Se ha demostrado que los hongos micorrízicos son importantes, e incluso esenciales, para el rendimiento de las plantas.

​Las micorrizas viven en las raíces de más del 80 % de las especies vegetales de la Tierra, incluyendo la mayoría de las hierbas, flores, cereales, legumbres, árboles, frutas y verduras. El fitopatólogo estadounidense Stephen Wilhelm afirmó: «En condiciones agrícolas, las plantas no tienen raíces, sino micorrizas».

​Un intercambio de vida

​Las micorrizas no pueden producir sus propios nutrientes, por lo que se adhieren a la planta huésped para recibir azúcares o lípidos a cambio de nutrientes y agua. Este proceso, a su vez, mejora el crecimiento de la planta y favorece un enraizamiento rápido y vigoroso.

​Estos hongos forman un sistema vegetal con miles de filamentos finos (hifas), más delgados que un cabello humano, que nutren a la planta huésped en una simbiosis beneficiosa con elementos como nitrógeno, fósforo y zinc. Además, desempeñan un papel clave en la protección de las raíces contra enfermedades dañinas.

​Resistencia hídrica y eficiencia

​Cuando el agua es abundante, el sistema micorrízico la almacena para liberarla posteriormente, cuando la planta sufre escasez de humedad. Sus hifas son capaces de extraer agua y nutrientes de las grietas más pequeñas del suelo para llevárselos a la planta hospedante.

Se estima que estos hongos existen en la Tierra desde hace unos 450 millones de años.

​Las investigaciones confirman que las micorrizas son fundamentales para movilizar minerales como fósforo, nitrógeno, zinc, hierro, calcio, magnesio, manganeso y azufre, liberándolos de enlaces químicos mediante procesos enzimáticos. Esto optimiza la absorción de nutrientes, lo que genera un ahorro significativo en el uso de fertilizantes.

​Defensa natural

​Pero los beneficios no terminan ahí. Estos hongos son una pieza fundamental en la defensa natural de la planta contra enfermedades radiculares causadas por patógenos como Phytophthora, Fusarium, Pythium y Rhizoctonia. 

Los hongos micorrízicos liberan fluidos supresores, como antibióticos, que inhiben la infección y forman una barrera física que impide la invasión de patógenos del suelo.

​Ya comentamos en nuestro blog que en Son Alegre creemos que no podríamos producir nuestras uvas sin la ayuda de la mariquita o de nuestra preciada colaboradora, la hormiga común. Pues bien, estaríamos igualmente perdidos si no fuera por los hongos micorrízicos. Ya está, lo hemos dicho.

(Nota: Las fotos e imágenes de esta entrada del blog no se tomaron en nuestra finca, sino que se tomaron prestadas de Internet. Gracias.)